El noble guerrero surcaba los mares,
las naves se hundían por donde pasara él, los dioses habían bendecido a ese
humano con un gran talento para la guerra. Guiado de su gran sentido del honor,
se abalanzo hacia innumerables enemigos, eran más que él, más robustos, más fuertes, pero eso a él no
le importaba, sabía que las tenía todas con él, guiaba a sus hombres hacia la
victoria, sus naves arrasaban con las defensas enemigas, sus colonizadores
penetraban por doquier y nadie le podía detener, aquel guerrero era imparable.
La envidia del dios no tardo en
hacerse presente. Ares era un dios muy envidioso y no le gustaba que sus planes
no salieran como quería él, no tardo en enviar a sus acólitos a la guerra
manchando los jardines de Babilonia de sangre y mandando muchas almas a los Campos
Elíseos.
Aquel guerrero no estaba
dispuesto a darse por vencido, rezo a la diosa Atenea, y esta bendijo a aquel
guerrero y sus hombres con habilidades de combate innatas y dones casi
sobrenaturales.
Grandes defensores, grandes
atacantes y grandes estrategas, cargaron contra el dios Ares en una batalla sin
precedentes. Uno a uno, los grandes acólitos del dios fueron cayendo a merced
de aquel guerrero hasta llegar a aquel dios. El gran dios de la guerra Ares.
Ningún dios a caído ante el yugo de un mortal y Ares no estaba dispuesto a que
aquel insignificante humano fuera el primero.
El dios arremetió con su gran y
poderoso cuerpo contra aquel guerrero y sus hombres, Ares era muy fuerte y el
guerrero lo sabía muy bien, pero como todo guerrero sabe, una guerra no la gana
una persona solamente, la guerra la ganan todos, él cogió su espada y veloz
mente fue hacia el dios mientras que sus hombres le mantenían a raya, aquel
guerrero consiguió derrotar al dios clavándole la espada en el estomago.
Por unos segundos se mantuvo el
silencio y todos los soldados incluyendo el guerrero cayeron al suelo
completamente agotados. El dios se mantenía en pie con la cabeza baja, sin que
se le viera el rostro. De pronto el dios levanto su mirada dirigiéndose al
guerrero y sonriendo a carcajadas. Admitiendo su derrota ante aquel humano y
consiguiendo lo que ningún mortal había conseguido, ni el mismísimo Aquiles, Ulises
o Leónidas. Derrotar a un dios. Ares
premio a aquel guerrero en un sitio entre los dioses.
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario