viernes, 28 de noviembre de 2014

La historia del guerrero




El noble guerrero surcaba los mares, las naves se hundían por donde pasara él, los dioses habían bendecido a ese humano con un gran talento para la guerra. Guiado de su gran sentido del honor, se abalanzo hacia innumerables enemigos, eran más que él,  más robustos, más fuertes, pero eso a él no le importaba, sabía que las tenía todas con él, guiaba a sus hombres hacia la victoria, sus naves arrasaban con las defensas enemigas, sus colonizadores penetraban por doquier y nadie le podía detener, aquel guerrero era imparable.

La envidia del dios no tardo en hacerse presente. Ares era un dios muy envidioso y no le gustaba que sus planes no salieran como quería él, no tardo en enviar a sus acólitos a la guerra manchando los jardines de Babilonia de sangre y mandando muchas almas a los Campos Elíseos.

Aquel guerrero no estaba dispuesto a darse por vencido, rezo a la diosa Atenea, y esta bendijo a aquel guerrero y sus hombres con habilidades de combate innatas y dones casi sobrenaturales.

Grandes defensores, grandes atacantes y grandes estrategas, cargaron contra el dios Ares en una batalla sin precedentes. Uno a uno, los grandes acólitos del dios fueron cayendo a merced de aquel guerrero hasta llegar a aquel dios. El gran dios de la guerra Ares. Ningún dios a caído ante el yugo de un mortal y Ares no estaba dispuesto a que aquel insignificante humano fuera el primero.

El dios arremetió con su gran y poderoso cuerpo contra aquel guerrero y sus hombres, Ares era muy fuerte y el guerrero lo sabía muy bien, pero como todo guerrero sabe, una guerra no la gana una persona solamente, la guerra la ganan todos, él cogió su espada y veloz mente fue hacia el dios mientras que sus hombres le mantenían a raya, aquel guerrero consiguió derrotar al dios clavándole la espada en el estomago.

Por unos segundos se mantuvo el silencio y todos los soldados incluyendo el guerrero cayeron al suelo completamente agotados. El dios se mantenía en pie con la cabeza baja, sin que se le viera el rostro. De pronto el dios levanto su mirada dirigiéndose al guerrero y sonriendo a carcajadas. Admitiendo su derrota ante aquel humano y consiguiendo lo que ningún mortal había conseguido, ni el mismísimo Aquiles, Ulises  o Leónidas. Derrotar a un dios. Ares premio a aquel guerrero en un sitio entre los dioses.


FIN

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